
Franquicia vs negocio propio es una de las decisiones más importantes cuando quieres emprender.
Sin embargo, muchas personas no tienen claro qué diferencia realmente un modelo de otro.
En este artículo te explicamos por qué una franquicia puede ser una mejor opción que empezar desde cero, basándonos en experiencia real.
Pues resulta que esta pregunta salió en una feria de franquicias en Ifema. Alguien le preguntó a Verónica, fundadora de Discla Pilates®, en una pequeña entrevista:
¿Por qué crees que la gente debe apostar por el modelo de franquicia? ¿Qué lo diferencia de otros modelos de negocio?
Y le dio tanta vueltas a la respuesta que decidió grabar un vídeo para explicarlo bien.
Esto te interesa tanto si estás pensando en montar un negocio como si estás valorando dónde invertir tu dinero. Y también si ni siquiera lo estabas pensando pero no tienes del todo claro qué es lo que ofrece una franquicia, más allá de pagar a una marca porque sí.
Spoiler: no es porque sí. Y hay tres razones concretas que lo explican.
Primero, un poco de contexto
Verónica montó lo que hoy es Discla Pilates® en 2015, cuando se llamaba Vive Pilates. Y lo hizo sin saber nada de franquicias. Tampoco sabía demasiado de negocios en general.
Tardó casi nueve años en llegar al punto en el que todo funcionaba bien: los clientes contentos, el servicio sólido y los números cuadrando. Nueve años de ensayo y error.
Y dice algo bastante directo al respecto: si hubiera conocido entonces lo que sabe ahora, y hubiera encontrado una franquicia de Pilates con la que se hubiera sentido identificada, la hubiera adquirido sin pensárselo dos veces. No hubiera montado desde cero.
Eso es lo que hay detrás de estas tres razones.

Razón 1: por qué una franquicia te ahorra tiempo
Nueve años. Ese es el tiempo que tardó Verónica en afinar el modelo hasta que funcionó de verdad.
Si nunca antes has tenido un estudio de Pilates, ese tiempo de ensayo y error lo vas a tener de todas formas. Y aunque hayas tenido otro negocio, otro negocio no tiene nada que ver con gestionar un estudio de Pilates.
Las variables son distintas, el cliente es distinto, la operativa es distinta.
Cuando adquieres una franquicia bien construida, ese recorrido ya está hecho. No tienes que descubrir qué funciona y qué no porque alguien ya lo descubrió antes, se equivocó antes y lo corrigió antes. Tú llegas con ese aprendizaje ya incorporado.
El tiempo no se recupera. Y nueve años son nueve años.

Razón 2: Cómo una franquicia reduce pérdidas de dinero
El tiempo y el dinero van bastante de la mano en este caso.
Durante esos años de ensayo y error se pierden dinero de formas muy distintas. Inversiones que no había que hacer. Precios mal calculados, demasiado bajos durante demasiado tiempo. Máquinas compradas que luego hay que cambiar.
Personal contratado de más. Formaciones que al final no aportaron nada. Gastos que se podrían haber evitado con más información.
Verónica lo dice sin rodeos: en esos nueve años hubo mucha pérdida de dinero. No sabe exactamente cuánto, pero mucho.
Cuando adquieres una buena franquicia, ese dinero que de otra forma se iría en errores es lo que en realidad estás pagando con el canon de entrada. No estás pagando por usar un logo. Estás pagando por no cometer los errores que ya cometió otro.
Y si de todas formas ibas a necesitar comprar máquinas y montar un local, esa inversión la ibas a hacer igual. Lo único adicional es ese canon. Y puesto así, la proporción tiene bastante sentido.

Razón 3: La energía que te ahorra una franquicia
Esta es la que Verónica considera más importante de las tres. Y tiene lógica cuando la explica.
Registrar una marca lleva meses. Ella y Elena estuvieron aproximadamente un mes dando vueltas solo para encontrar un nombre que no estuviera ya registrado, que no generara problemas legales y que encajara con lo que querían transmitir. Hasta que un día, yendo en el coche, apareció: Disciplina Clásica. De ahí viene Discla. Y entonces empieza todo el proceso de registrarlo, buscar una agencia de confianza, los vaivenes del sí, no, sí, no…
Eso es energía. Energía que se va en algo que, si adquieres una franquicia, ya está resuelto desde el primer día.
Pero no es solo el nombre. Es la energía de no saber qué precio poner. De hacer cambios y encontrar resistencia. De preguntarte constantemente si esto funcionará o no.
De tomar decisiones importantes sin tener referencia ninguna. Esa incertidumbre constante gasta muchísimo, y lo más importante es que mientras la estás gestionando, no la puedes dedicar a otra cosa.
El tiempo y el dinero se pueden medir. La energía es más difícil de cuantificar, pero Verónica la pone en primer lugar precisamente por eso. Porque es lo que más se nota cuando falta y lo que más condiciona cómo llevas el negocio día a día.
Cuando entras en una franquicia con estructura, esa energía se libera. Y puedes dedicarla a lo que realmente importa: que el servicio funcione, que los clientes estén bien atendidos, que el negocio crezca.

Qué incluye realmente una franquicia
Hay dos momentos de pago en una franquicia: el canon de entrada y las regalías mensuales. Y conviene entender qué hay detrás de cada uno.
El canon de entrada cubre todo lo que ya está construido: la marca registrada, el modelo de negocio probado, el sistema operativo, el diseño del local, el proveedor de máquinas, el equipo que trabaja la apertura.
En el caso de Discla Pilates®, Verónica fue a Suecia a cerrar el trato con el proveedor de máquinas. Ese trabajo ya está hecho. Tú no tienes que repetirlo.
Las regalías mensuales cubren tres cosas: marketing, soporte y formación continua. El contenido que se genera cada día para atraer clientes, la formación que en el caso de Discla Pilates® ha implicado ir cada año a Estados Unidos a aprender de buenas fuentes, y el acompañamiento continuo para que el negocio funcione mes a mes.
Verónica lo resume así: es ridículo lo que se paga comparado con lo que se recibe. Y lo dice comparándolo con sus propios nueve años de inversión en tiempo, dinero y energía para llegar al mismo punto.

¿Es tuyo el negocio si es una franquicia?
Esta es la objeción que aparece bastante cuando se habla de franquicias. Y Verónica la responde con bastante claridad.
Operar bajo una marca que no has creado tú no significa que el negocio no sea tuyo. Significa que estás trabajando con una identidad ya construida, con una reputación que ya existe y con un sistema que ya funciona. Eso no te quita protagonismo, te da base.
Lo compara con llevar unas zapatillas Jordan. A ella le encantan. Le gusta llevarlas, le gusta lo que representa la marca, le gusta formar parte de eso. No necesita montar su propia marca de zapatillas para sentirse identificada con lo que lleva puesto.
Con una franquicia pasa algo parecido. Si la marca te gusta, si la filosofía encaja contigo, si el fundador o fundadora te genera confianza, puedes sentirte orgulloso de ser parte de eso. Eso no es ego, dice Verónica. El ego es rechazar algo bueno solo porque no lleva tu nombre.
Otra cosa es que tengas una idea realmente nueva, algo que nadie ha hecho, un modelo que no existe. En ese caso, tiene todo el sentido montarlo desde cero. Pero si lo que quieres es tener un estudio de Pilates con el que ganarte la vida y ayudar a la gente, y ya existe un modelo que funciona y con el que te identificas, la pregunta es al revés: ¿por qué no?

Lo que Verónica hubiera hecho si hubiera sabido esto antes
Lo dice sin dudar.
Si hubiera tenido esta información en 2015, si hubiera visto una franquicia de Pilates clásico que le convenciera, con una marca que le gustara, con unos valores con los que se identificara y con un fundador en el que confiara, la hubiera adquirido. No hubiera montado desde cero.
No lo dice con arrepentimiento. Lo dice como contexto para explicar por qué creó Discla Pilates® como franquicia: para que otras personas que están ahora donde ella estaba entonces puedan empezar con un modelo que ya funciona, con un negocio rentable probado y sin tener que recorrer los mismos nueve años de ensayo y error.
La descripción que usaron en una reunión familiar le pareció bastante exacta: adquirir una franquicia es como comprar algo llave en mano. Te dan la marca, el marketing, cuántos trabajadores contratar, cómo tratar al cliente, el diseño del local, el arquitecto, las campañas de captación, las máquinas, la formación. Todo.
Y añade algo más: ahora mismo, con Discla Pilates® en proceso de expansión, el canon de entrada es el que es. Cuando haya cientos de estudios, ese precio subirá. Porque lo que se ofrece vale más a medida que la red crece.

Preguntas frecuentes
¿Una franquicia es solo pagar por usar una marca?
No. Pagar el canon de entrada incluye acceso a un modelo de negocio probado, el sistema operativo completo, el diseño del local, proveedores cerrados y todo el aprendizaje acumulado detrás de años de trabajo. La marca es solo la parte visible.
¿Qué incluyen las regalías mensuales en Discla Pilates®?
Según explica Verónica, las regalías mensuales cubren el servicio de marketing y creación de contenido, el soporte continuo y la formación. Son tres cosas que, si las tuvieras que gestionar por tu cuenta, costarían bastante más en tiempo y dinero.
¿Necesito experiencia previa en Pilates para abrir un estudio Discla Pilates®?
No dispongo de información suficiente para afirmar eso con certeza. Si tienes esa duda concreta, lo más directo es consultarlo con el equipo de Discla Pilates® a través de su página de contacto.
¿El canon de entrada es fijo o puede cambiar?
Verónica menciona en el vídeo que el canon actual le parece bajo en proporción a lo que se ofrece, y que a medida que la red de estudios crezca ese precio aumentará. No da una cifra concreta, pero sí deja claro que el momento actual es una ventana que no va a estar abierta indefinidamente.
¿Qué pasa si encuentro una franquicia pero la marca no me convence del todo?
Pues que probablemente no sea la franquicia adecuada para ti, y eso está bien. Verónica lo dice expresamente: hay gente a la que le gustará Discla Pilates® y gente a la que no. Si no te gusta la marca, la filosofía o el fundador, no inviertas. La identificación con lo que vas a representar es parte del modelo. Sin eso, el resto no funciona igual.