
¿Los ejercicios de Pilates clásico son suficientes para mantener el interés a largo plazo?
De hecho, es una duda muy habitual, especialmente cuando se empieza a conocer el método y parece que hay una lista cerrada de ejercicios.
Sin embargo, cuando se entiende el Pilates clásico en profundidad, la realidad es muy distinta.
Esta pregunta la hizo Verónica. No a un colega, sino a su propia profesora cuando estudiaba el curso de especialización en la Universidad de Alcalá. Le contaba que tenía clientes desde hacía nueve o diez años y Verónica le preguntó, con toda la lógica del mundo: ¿y la gente no se aburre de hacer siempre lo mismo?
Es una pregunta que tiene sentido cuando llevas poco tiempo en el método. Y es exactamente por eso por lo que vale la pena responderla bien.
De dónde viene esta pregunta
Cuando empiezas a conocer el Pilates clásico, ves una serie de ejercicios de nivel principiante, otra de nivel intermedio y otra de nivel avanzado. Y si te quedas en esa visión de lista cerrada, es normal que te preguntes cómo alguien puede venir año tras año sin aburrirse.
En Discla Pilates® hay alumnos desde que abrió el estudio, hace más de diez años. Alumnos que llevan nueve años viniendo una o dos veces por semana y que, según Verónica, no se aburren.
¿Cómo es posible?

La respuesta corta
Si crees que los ejercicios del método Pilates clásico no son suficientes, lo más probable es que no conozcas el método en profundidad todavía. No es un juicio, es lo que le pasó a la propia Verónica cuando era estudiante.
Cuando se entiende el método de verdad, cuando se conocen los objetivos de cada ejercicio y las progresiones que hay detrás, la cantidad de variaciones posibles parece ilimitada. Literalmente. Verónica lo dice así: miles de millones de ejercicios y variaciones correctas dentro del propio método.
Hay muchos más ejercicios de los que parece
El método tiene tres niveles: principiante, intermedio y avanzado. Eso ya da una cantidad considerable de ejercicios. Pero dentro de cada nivel, cada ejercicio se puede trabajar de formas muy distintas sin cambiar su objetivo.
Verónica pone ejemplos concretos. Un mismo ejercicio se puede hacer con piernas dobladas, con piernas estiradas, con una pierna doblada y la otra apoyada, empezando con piernas dobladas y acabando estirándolas. Elevando la cabeza o sin elevarla. De lado, en distintas posiciones. Con distintos tiempos y distintos puntos de atención.
No siempre un ejercicio es ese ejercicio tal cual y ya está. Cuando se conoce bien el objetivo, se puede construir de formas muy distintas. Y eso hace que aunque la base sea la misma, la sesión no se repita de forma mecánica.
Además, hay perfiles de alumno que no van a progresar hacia el nivel intermedio o avanzado. Una persona mayor, por ejemplo, puede quedarse en nivel principiante durante años. Y eso no es un problema, dice Verónica, porque dentro de ese nivel hay trabajo de sobra para que cada sesión sea distinta.
La progresión no es un salto, es una transición
Otro punto que Verónica explica bien: pasar de principiante a intermedio no es un salto abrupto. Hay una transición. Y esa transición es trabajo.
Cuando el instructor conoce el objetivo del ejercicio de nivel superior, sabe qué necesita el alumno para llegar ahí. Si para hacer un ejercicio concreto hace falta apertura de hombros, movilidad de caderas y suficiente fuerza abdominal, el instructor va construyendo hacia eso. Paso a paso, desde distintos ángulos, sin que el alumno haga siempre exactamente lo mismo.
Eso hace que incluso los alumnos que avanzan despacio tengan la sensación de que cada sesión aporta algo nuevo. Porque lo aporta.

Las tipologías de clase multiplican las posibilidades
Aparte de los ejercicios en sí, está la variedad de formatos y materiales que ofrece el método.
Un día se trabaja en colchoneta normal. Otro con aro. Otro con pesas para los brazos. Otro con lastres, con cintas elásticas, con el food corrector, con el spine corrector o con el Reformer. Y al día siguiente se vuelve a la colchoneta, pero con un enfoque distinto.
Porque dentro de la colchoneta sola también hay infinidad de tipos de clase. Se puede trabajar más la fluidez, más la precisión, más el estiramiento. Se puede hacer una clase centrada en abdominales, una clase de Reformer on the mat, que es adaptar los ejercicios del Reformer a la colchoneta, o una clase de trabajo en pared.
Verónica reconoce que ni tiene todas las posibilidades apuntadas porque son demasiadas. Y eso que está hablando solo del suelo, sin contar las máquinas.
El resultado es que ni los alumnos se aburren ni los instructores tampoco. Que es algo que también importa, dice Verónica, y que a veces se olvida.

Lo que no se puede hacer: cambiar el método
Aquí Verónica es bastante directa.
Toda esa variedad es posible dentro del método. Usando los instrumentos que tiene, las modalidades que ofrece, las progresiones que lo componen. Pero sin salirse del método.
Lo que no tiene sentido es empezar a inventarse ejercicios ajenos, meterlos en una sesión y seguir llamando a eso Pilates. Porque en ese momento ya no es Pilates. Es otra cosa. Puede ser buena, puede tener valor, pero no es el método Pilates clásico.
Y el problema no es solo el nombre. Es que cuando se empieza a añadir cosas ajenas al método, se pierde la coherencia interna. Los ejercicios del Pilates clásico tienen una progresión, un orden y unos objetivos que están relacionados entre sí. Meter ejercicios sin esa lógica rompe esa estructura. Y entonces ya no se está haciendo Pilates, se está haciendo ejercicio físico genérico con otro nombre.
Verónica lo dice sin rodeos: si has creado tu propio método, ponle tu nombre. O llámalo ejercicio físico. Pero no le llames Pilates si no lo es.

Por qué algunos instructores acaban inventándose cosas
La respuesta de Verónica es también bastante clara: porque no conocen bien el método.
Si un instructor llega al punto en el que siente que los ejercicios clásicos no son suficientes o que necesita añadir cosas de fuera, lo más probable es que no haya aprendido el método con suficiente profundidad. Que no entienda del todo los objetivos de los ejercicios ni las transiciones entre niveles. Y que por eso vea una lista cerrada donde en realidad hay un sistema casi ilimitado.
No lo dice como crítica personal sino como diagnóstico. Si el método te parece insuficiente, el problema no es el método.
Verónica reconoce que ella tampoco lo entendió del todo al principio. Por eso hizo la pregunta que hizo. Y la respuesta que recibió la llevó a seguir estudiando, a ir a Estados Unidos cada año a formarse con personas que saben más que ella, a seguir siendo, como ella misma dice, una eterna alumna.
Esa actitud, la de quien sabe que siempre le queda por aprender, es la que permite conocer el método lo suficientemente bien como para no necesitar inventarse nada. Porque cuando lo conoces de verdad, no hace falta.

Preguntas frecuentes
¿El Pilates clásico es lo mismo para todos los alumnos?
No. Aunque los ejercicios del método son los mismos, cómo se trabajan, en qué orden se progresa y qué variaciones se aplican depende de cada persona. Un alumno mayor puede quedarse en nivel principiante años y seguir teniendo sesiones distintas y útiles. Otro puede progresar hacia el nivel intermedio o avanzado. El método se adapta a quien lo practica.
¿Para qué sirven los accesorios como el aro o las cintas elásticas?
Son instrumentos que amplían las posibilidades de trabajo dentro del método. No cambian los principios del Pilates clásico sino que añaden variedad y nuevos estímulos dentro de la misma lógica. Permiten trabajar aspectos concretos con más precisión o intensidad según el objetivo de cada sesión.
¿El Reformer es imprescindible para no aburrirse?
No. Verónica da una lista larga de tipos de clase posibles solo con colchoneta, sin máquinas. El Reformer amplía mucho las posibilidades, pero no es el único recurso para que las sesiones sean variadas y progresivas.
¿Cómo sé si lo que estoy haciendo es Pilates clásico de verdad?
Lo que estás haciendo es Pilates clásico si los ejercicios, las progresiones y el orden responden al método original de Joseph Pilates, enseñado desde fuentes sólidas y con criterio técnico real. Si el instructor mezcla ejercicios ajenos al método sin distinguirlos del Pilates, o si no hay una lógica de progresión detrás de la sesión, probablemente no sea Pilates clásico aunque lo llamen así.
¿Por qué en Discla Pilates® no se cambia el método?
Porque Verónica lleva más de diez años estudiándolo y considera que el método original, bien comprendido y bien aplicado, tiene suficiente profundidad como para no necesitar añadir nada de fuera. Cambiar el método no es creatividad, es desconocimiento. Y usar el nombre Pilates para algo que no lo es le parece, en sus propias palabras, algo que no se debería hacer.